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Terra
La Coctelera

Marejada

Categoría: Diario de un día cualquiera

28 Marzo 2010

La lista de la compra (si el tiempo se vendiese)

Recoger y planchar la ropa.

Coger el bajo a los pantalones.

Algo más de marujeo. Marujeo siempre queda por hacer.

Leerme el libro de instrucciones de la nueva cámara de fotos. Probarla. Disfrutarla

Actualizar mi página web de fotografía.

Pasear. Saborear que ha llegado la primavera.

Disfrutar de mi balcón con un té.

Cocinar. Ya tengo los ingredientes del sushi. Y tengo cardamomo, y jengibre fresco, y lichis y tantas cosas que pueden desatarmi imaginación culinaria...

Coctelerear. Leer y escribir algo digno. O publicar al menos. No echaros de menos.

Estudiar francés. Preparar la exposición del libro de lectura obligatoria, que ya terminé.

Estudiar de lo mío (eso siempre al final lo último). Preparar la sesión clínica del curso al que asistí.

Volver a tomarme en serio el gimnasio. Que no me dé pereza (si después me alegro, con lo bien que me sienta)

O jugar al pádel, ahora que ya no llueve.

Pero todo ésto después de haber dormido muuuuuchooooo. Y soñar algo más, aunque eso no me cuesta nada de nada.

Creo que con un día no voy a tener suficiente. Dudo si con una semana tendría... Y no sé si con un mes...

Tags: ideas, tiempo, libre

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19 Enero 2010

Por un par de euros

Hoy he salido al centro a hacer algo tan insustancial como comprar en las rebajas.


Paseando por la calle, me he parado delante de un pobre hombre, ya entrado en años, que vendía sobre una mesa plegable obleas y juguetes muy rudimentarios. Me ha dado una punzada al corazón, y tanta lástima que me he llevado un paquete de obleas, aun sin saber lo que me costarían, porque a los juguetes sí que no les hubiese sacado partido. Y no es que me gusten especialmente, ni las necesito, pero hoy creo que es la mejor cosa que he comprado hoy entre tantas que adquirí que no me hacen falta.


Me ha venido a la mente el recuerdo de una niña de unos 5-6 años que viajaba en autobús con su tía. Al bajar en la estación, vio a un viejecito que vendía pendientes hechos a mano con alambres y piedrecitas, y fundas para mechero del mismo material.

La niña le pidió a su tía veinte duros para comprar a su madre unos pendientes.

Le dijo: "Tita, préstame cien pesetas, que le voy a comprar unos pendientes para mi madre a ese señor. Ya sé que no se los va a poner, pero es que me da penita, pobrecito..."


Todavía hoy, mi tía se enternece cada vez que recuerda aquel día, aquel momento.


Se ve que hay cosas que a pesar de los años no han cambiado tanto... Dicen que tengo la misma cara, que no me ha cambiado nada, y se me reconoce fácilmente en las fotos... Yo creo que no es sólo la cara lo que no me ha cambiado con el paso del tiempo... Sigo comprando cosas que no me hacen falta sólo porque sé que eso significa ayudar a alguien.


Y aquí me veo, echando migas sobre el teclado de unas obleas que, me acabo de dar cuenta, llevan en relieve la Iglesia de San Pablo de Valladolid. Y que no entiendo además cómo habrá llegado hasta aquí, si está a unos 400km de aquí (guía repsol mediante), en otra comunidad...

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13 Enero 2010

Del revés

Ayer el día empezó torcido. No me pude desahogar, y eso me consumía como una gota de agua que cae poco a poco incesante sobre tu cabeza.

 

Cogí el coche sin saber dónde iría. Sólo quería un poco de paz. Y nadie a mi alrededor. Derramarme sin ojos que observasen.

Acabé junto al río. Puse música, y ya nada salía de mí. Había pasado el tiempo de deshacerse, y eso se me quedó metido dentro.

 

Allí, frente al río, recordé a Matilde la peluquera. Y, aunque drástica, no me pareció tan absurdo.

 

Recordé también lo que no tenía que recordar. Y las canciones me susurraban cosas que no debería oír.

 

Pedir perdón no es fácil. Más aun cuando crees que llevas razón. Pero si me equivoqué en las formas, y no quiero verte mal, pido perdón, aunque sea sólo por no verte así. Si no lo aceptas, entonces creo que quien se equivoca eres tú. Que alguien que quieres no te acepte una disculpa, además hace daño.

 

Para rematar el día: no puedo devolver un artículo porque el plazo había acabado justo el día anterior, se me rompe un tacón en una carrera y tengo que caminar con él en la mano cruzando el centro comercial, y esta mañana me dí cuenta de que me puse las bragas del revés.

Desde luego ayer fue un día de esos de acostarse y decir "por favor, que pase ya".

Tags: aalguien, da, mas, vaya, diita

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10 Enero 2010

Más frío

Ya sé, que si digo que hace frío, pero que mucho frío, no es ninguna novedad...

 

Esta mañana cuando salí para el trabajo el termómetro marcaba exactamente 0ºC. Vamos, ni frío ni calor (qué chiste más malo y más viejo). A partir de ahí, todo fue descenso, hasta llegar a -4ºC. Los pilotos avisadores del coche se volvían locos, encendiéndose primero la lucecita de "cuidado, posible placa de hielo" representada por un copito de nieve amarillo, para pasar a encenderse la lucecita "cuidado, que las placas de hielo son más que probables" cuando el copito pasó a ser rojo y estábamos ya bajo cero. A todo ésto se unió en algún momento un dibujito de un coche derrapando en luz ámbar. O sea, "que te he dicho que cuidado, que vas a salir patinando en alguna placa de hielo!" Creo que sí, que ya me enteré de que debía conducir con cuidadito... Estos coches, de inteligentes, salen hasta pedantes.

 

Aun es de madrugada cuando salgo de casa camino del trabajo. A lo lejos, en la carretera, había un par de luces que me llamaron la atención. Eran los faros de un vehículo, pero por la altura a la que estaban no era normal, mucho más altos de lo que se podía esperar, como si los llevara sobre el techo. Parecía más bien un camión que transportase coches y llevase encendidos los de uno de los que transportaba en lugar de encender los suyos propios. Fíjate qué idea más absurda se me ocurrió, pensar que el camión tenía sus luces averiadas y que para compensarlo encendió las del coche que estaba colocado en primer lugar de todos esos que llevaba como mercancía. Se me queda la cara de tonta cuando veo ese vehículo pasar por mi lado. Es una máquina quitanieves. Claro! Seré tonta... Dónde iban a llevar las quitanieves las luces, justo detrás de las palas...? (Es que nunca las había visto en carretera de noche... y a esas horas tampoco da el cerebro mucho más que para ir en modo automático...)

 

Han esparcido bastante sal, la carretera no está helada, pero las lunas del coche se llenan de restos de la sal que se va levantando al paso e intento limpiarlo. Vano intento. El líquido limpiaparabrisas se ha quedado congelado, ¡no me lo puedo creer! Yo pensaba que era a prueba de heladas. En fin, se ve lo suficientemente bien como para poder prescindir de ese lavadito.

 

En el trabajo me cambio y me visto de cebolla. Varias capas de ropa bajo el uniforme. Hubo un fin de semana anterior que pasé mucho frío, y dije que ya no me volvería a pasar. Me he puesto unas mallas bajo el pantalón ¡Benditas mallas! Guardaré siempre unas en la taquilla por lo que pudiera pasar en los fines de semana venideros. Que digo yo que nos podían dar un uniforme de invierno, no es plan de ir en manga corta y con esta tela tan finita cuando estamos bajo cero... Claro, eso a los que están en sus despachos calentitos, ni se les ocurre...

 

Todo ésto lo escribía ayer, sin saber la nevada que caería después, la que está cayendo ahora. Hoy, a mediodía, seguíamos bajo cero.

Yo sólo quiero encontrar la carretera despejadita y poder volver a casa!! Que la nieve es preciosa, sí, pero cuando no tienes obligaciones que cumplir...

Tags: frio

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25 Diciembre 2009

Navidades egoístas

La Navidad siempre me pilla por sorpresa. No la odio, ni siquiera me disgusta; pero llega Nochebuena y  se me han volado los días de manera que aun no me ha dado tiempo de empaparme de espíritu navideño. Año tras año, se me acumulan en la repisa los christmas por enviar y que olvidé hacer a tiempo, hasta el punto de, finalmente, decidir no hacerlo; sólo felicito a quienes me felicitan, y soy tan desastre que a veces ni eso.

Será que siempre me acostumbré a trabajar en estas fechas y siempre que llegan se me olvidó que ya no me está prohibido ilusionarme con vivirlas. O será que me parece hipócrita ciertas formas de actuar (acordarse de la gente una sola vez al año, sea para desearles unas felices fiestas, sea para hacerles la vida un poco menos gris, más feliz, con tu ayuda). O será que simplemente, por lo que sea, perdí la ilusión de antes en estas fechas. O tal como decía al principio, llegan y ni me di cuenta de que ya estaban aquí...

 

Esta mañana precisamente me dirigía a trabajar. En la carretera, me cruzo con un alma solitaria a esa hora en que todos comen el pavo en familia. Tampoco tenía pinta de tener mucha familia, o de tenerla cerca, en todos los sentidos. No sé si ropa oscura o sucia, mochila, cara de caminante, de perdido, piel curtida bajo el sol, barba larga rubia o blanca (era delgado, no podía ser Papá Noel después de su intensa jornada de trabajo). En medio de un camino a bastantes kilómetros del pueblo anterior, y a más kilómetros aun del pueblo siguiente. Sólo se me ocurría que pudiera estar ahí esperando un coche que no pasaba en esta solitaria mañana de Navidad en esa carretera para rescatarle de ahí.

 

Y allí pasé yo. Y efectivamente levantó su pulgar. Decisión que tomo en décimas de segundo. Me rasco la cabeza y hago como que no lo veo. Y me sabe muy mal. De verdad, yo le hubiese llevado. Sola en el coche, tenía cuatro asientos libres; iba a hacer el mismo camino de todas formas, y gastar la misma gasolina, y perder el mismo tiempo en llegar. Pero mi instinto de supervivencia hace que no detenga el coche.

Podría ser de fiar, sí, podría ser que fuera una buena persona que sólo buscara alguien que le acercase a algún lugar más cercano a un poblado que a esa inmensa nada de donde provenía. Y soy tan confiada que hasta lo hubiese hecho. Pero en mi hombro se posaron como ángeles y diablos de dibujos animados las imaginarias voces de amigos, familia y demás gente que me quiere diciendo "¡estás loca!, ¿cómo vas a llevar a un desconocido tú sola en el coche?" Y a pesar de que me hubiese gustado ayudar a ese pobre hombre, pasé de largo. Y yo, que ya me conozco y me lo veía venir, no puedo evitar sentirme mal sabiendo que pude ayudar a alguien y no lo hice, fuera por el motivo que fuera.

 

En este día, en estas fechas, en las que se supone que todos debemos ser un poco más buenos, pensar más en los demás, en los que necesitan lo que a otros nos sobra, o al menos tenemos suficiente "pa tirar p'alante" (aunque, como tantos, pienso que ese espíritu navideño debería vivir en cada día del año), yo me he sentido egoísta por hacer lo que creía que tenía que hacer, y no me gusta nada sentirme así. Aunque hiciera lo correcto. Pero éso no era lo que me decía el corazón mientras la cabeza gritaba para silenciarlo.

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18 Diciembre 2009

Je pense ancore à toi

El día a día... Más tiempo libre tengo, menos tiempo me queda. Recuperé el gimnasio (espero que con él, la figura, que el verano hizo mella); me he apuntado a clases de francés, porque sí, porque me ha dado por ahí; quedo para jugar al pádel alguna que otra vez (pero no tengo madera de pija, soy malísima); marujeo en mi casa intentando poner orden en esta interminable mudanza, que se prolonga durante meses y meses y nada consigue encontrar su lugar; y está en los planes ponerme a estudiar, aunque aun no he podido sacar las ganas suficientes, el orden necesario en mi vida, para poder concentrarme como debiera. Y entre tantas cosas me voy dispersando sin haberme puesto un rumbo, sin centrarme en lo que quiero y en lo que me gustaría.

 

A francés me apunté porque me gustan los idiomas. Me gustaron desde siempre, y se me han dado siempre bastante bien. De hecho dudé a la hora de elegir letras o ciencias, porque mis pasiones eran los idiomas y la sanidad. Ahora soy una mujer casada con las ciencias, pero amante de las letras; no me quedó otro remedio.

 

Como me conozco, y sé lo perezosa que soy, que no tengo remedio, me apunté a un idioma del que no tuviera ni pajolera idea, pero que me gustase, claro; y así es cómo he terminado en la escuela de idiomas de francés.

Para ir haciéndome el oído me puse a buscar canciones, que fue así, de esa manera tan autodidacta, como aprendí italiano: con canciones y diccionario en mano. Y recordé que hay una canción que me ha maravillado, enamorado, desde siempre de Francis Cabrel, "Je l'aime à mourir"; casi casi podría decir que por culpa de esa canción, para entenderla en su versión original, me he visto aprendiendo este idioma. Me he hecho con gran parte de su discografía y no puedo quedar más encantada del excelente descubrimiento que he hecho.

Aun entiendo bastante poco, poquísimo, que llevo apenas un par de meses, pero oye, hace ilu cuando alguna palabrilla o frase pillas, aunque sea en ocasiones contadas.

Y gracias a esta iniciativa, me siento afortunada de haber descubierto canciones como "Petit Marie", "C'ètait l'hiver", "Hors Saison", "Carte postale", y este maravilloso "Je pense ancore à toi" con el que os dejo... Si no conocíais a Francis Cabrel, y os gustan los cantautores, os recomiendo darle una oportunidad.

 

 

Hay pequeños grandes descubrimientos que nos pueden alegrar el día...

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25 Octubre 2009

Vuelta número tropecientas

Cuando decía que me iba a ir de vacaciones no estaba pensando en desaparecer del mundo. Bueno, a veces sí lo he pensado, hacerlo por un tiempecito, pero sin llevarlo a la práctica. Aunque no era ahora ese el caso. Las rutinas me están comiendo, y he olvidado meter La Coctelera entre esas rutinas, muy mal por mi parte...

 

No sé, a veces pienso que hubo un punto, una chispa que saltó, que no tiene nada que ver con ésto, que hizo que me alejase un poquito del hecho de venir por aquí, de escribir con la asiduidad con la que lo solía hacer, con ese gusanillo que no me dejaba marcharme... Y muchas veces no tengo nada que decir, o tendría tantas cosas que decir que no sabría por dónde empezar, o muchas tonterías que contar, o grandes cosas que callar..., pero con tanto cariño como ha generado esta página, la gente que conocía gracias a ella, me es imposible prescindir de ella, y voy y vuelvo, y me marcho y vuelvo de nuevo.

 

Y ahora, precisamente ahora, que decidía tomar las riendas de mi tiempo libre, y no sólo aprovecharlo llenándolo de actividades, sino también de creatividad, que la echo de menos, ahora me surgen oportunidades en forma de imprevisto que truncan esos planes. Reestructuración del tiempo. A modificar planes y aspiraciones toca.

La oportunidad viene en forma de oposición, que estuve dudando de presentar solicitud o no, pero que al final  decidí que no pierdo nada por echar papeles y luego ya se verá. Me vendrá bien para motivarme a estudiar, aunque no son las oposiciones a las que yo me hubiese presentado, porque son en la comunidad que trabajo actualemente, pero no en la que he encarrilado mi vida hace algo más de un año (donde vivo, donde está mi propia casa, donde está mi familia). Me las tomaré como un entrenamiento. Sin presiones, pero sin ceder. Porque si no, siempre encontraré alguna (para mí) buena excusa para no presentarme. Excusas al fin y al cabo (a veces pienso que me encuentro tantas buenas excusas porque no tengo motivación para presentarme, incluso llego a pensar si realmente quiero aprobarlas...)

En fin, que me pierdo por las ramas... Y es que ahora no era buen momento para escribir: llevo muchas horas de trabajo a las espaldas, estoy cansada, sin ganas de pensar, de escribir y releer, perezosa... Sólo quería decir que sigo viva. O algo así...

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20 Septiembre 2009

Cómo demonios se hacen unas maletas en estas fechas

Mañana debería estar haciendo una maleta de bikinis y shorts, y en su lugar creo que van a ir las primeras mangas largas y zapatos cerrados. No me doy cuenta de que septiembre es verano casi todo él pero que, a la vez, al final es ya otoño, y otoño significa vuelta al frío, al cole (porque yo también vuelvo al cole), a las rutinas, y no vacaciones en la playa.

 

El lugar, curiosamente tras haberlo meditado mucho, fue una decisión precipitada. De haberlo pensado mejor hubiese elegido el norte, o un multiaventura (yo tenía muchas ganas, pero es que él no es tan aventurero como yo), un lugar de interior bonito de conocer, o lo que fuese. Pero no una playa de septiembre en la que no hay nada más que hacer que playa, todo éso si el tiempo es algo más benévolo de lo que está siendo en los últimos días. Porque casi ni playa me temo que tendremos...

 

Habrá que llevarse libros, y el portátil, y paseos por la playa, y aceite de masajes, y ganas de un café en una terraza aunque no sea en tirantes, y un mapa para ver qué sitios podremos visitar, y ganas de estar juntos, de volver a conocernos, y música; y té, para que en el peor de los casos me siente en el suelo, junto al ventanal, y con mi taza calentita vea la lluvia caer... Aunque tengo esperanzas de poder hacer mucho más que eso.

 

Ya sé que me gusta llevar la contraria, que cogerme las vacaciones en estas fechas pudiendo elegir es sólo un síntoma más de ello, pero recordadme que el año que viene no pase de la tercera semana de septiembre para poder disfrutar de mi veranito, que siempre acabo disfrutando primaveras tardías y otoños tempranos....

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