Constelación de Orión
Me apetece rescatar estas letras hace ya tiempo escritas. Y seguramente algunas más. Pero más adelante, más adelante...

La madrugada de la Nochebuena (paradójico este nombre para los que no les parece tal) me vi obligada a salir a la calle, a un lugar desnudo, desprotegido. Rodeada de oscuridad, en medio de algún lugar que no estaba en ningún sitio, y con un cielo estrellado, limpio y contundente, arropándome. Me encantan esas noches en las que el aire frío te acompaña junto con la oscuridad, y levantas la mirada y sólo puedes contemplar inmensidad.
Alcé mis ojos, quién sabe si en busca de alguna respuesta, o de algún momento de admiración a tanta belleza. Y la vi: Orión. No pude evitar acordarme de tí. ¿Recuerdas que te contaba que me daba mucha rabia, porque me perseguía a todos lados...? Recordé la leyenda que me narraste de Orión, el cazador, y enseguida divisé el arco con el que disparaba aquellas flechas. Curioso...; como Cupido trabajó con nosotros, la misma labor tenía Orión, disparar flechas.
Siempre me dejas embelesada con tus palabras, y con aquella historia no fue menos. ¿Recuerdas que te decía lo mucho que me gustaba escucharte...?
Ya nunca más me dará rabia esa constelación. Túhiciste que le guardase un cariño especial.
Hoy me he visto obligada de nuevo a salir en mitad de la noche, con una capota de estrellas alumbrándome, y esa luna creciente que pretende ser algo más que un arañazo en el cielo. Y allí estaba, Orión, acompañada de una extraña estrella, que brillaba tintineando, cambiado de color.
No era un avión imitando una estrella fugaz, como bien lo contaste tú una vez con tus bellas e inimitables palabras. Hubiese pedido un deseo, aunque fuese un avión en forma de estrella fugaz artificial, creada para las necesidades y los suspiros del hombre. He comprobado que las estrellas fugaces cumplen deseos, pero no se responsabilizan de sus consecuencias. Aun creo en ellas; aquel día hiciste que no perdiera mi fe en ellas. Aunque todo después no fuese como hubiese deseado en la siguiente estrella fugaz...
Esa peculiar estrella junto a Orión diría que era el planeta Venus, e intuía que me quería decir algo que no podía entender... ¿De qué puede hablar Venus, si no es de amor...? Ojalá llegase a comprender lo que me contaba... Tengo la impresión de que me trae tus palabras; pero me quedan tan lejos como tú quedaste de mi alcance. O tan extrañas me parecen que ya no las puedo descifrar. O quizás es simplemente un acto inteligente del destino para que no pueda entenderlas, para que no puedan seguir haciéndome daño con tanta dulzura... Porque lo que más daño me hace de tí es tu dulzura y tu bondad, que me ponen zancadillas para olvidarte; lo que más daño siempre me hizo de tí era tu intento de no hacernos daño...
Si ves tú también esa estrella hoy, y has leído ésto, sabrás ya lo que ella te quiere contar de mí...









Mi peninsula dijo
Preciosa tu historia. La verdad es que orion siempre ha sido uno de mis constelaciones favoritas, y una de las que siempre reconozco. Me gusta a veces mirar al cielo y contemplarlo, pero sin pensar mucho , porque el vertigo que me produce pensar en toda esa inmensidad me da miedo.
Es tan impresionante que no se puede abarcar por la mente humana.
Prefiero un cielo azul con nubes, ya me relaja pensar en mis cosas sobre ese fondo.
Sigue escribiendo historias como esta.
6 Junio 2007 | 01:25 AM