Suerte
"Sei una sfigata" Ya me lo decía mi amiga Betty. Gafe, desgraciaíta... O yo. Solíamos ser sinónimos. Pero lo decía con una sonrisa, con un "no me lo puedo creer", con un "esto sólo te pasa a tí"... Y nos reíamos, no nos quedaba otra, al final hasta le encontrábamos su gracia.
Este fin de semana me he acordado de ella. Si estuviese aquí me lo hubiese dicho, como solía hacer cada vez que se me torcían las cosas. "Sei troppo sfigata".
El pie izquierdo parece que hizo aparición antes de levantarme de la cama el viernes. Aun no lo había apoyado y ya sonó el teléfono bien temprano. Los fontaneros. Justo cuando me iba a duchar. Llegarán a las nueve. En fin...
Las diez, no han aparecido y decido coger la ropa para meterme en la ducha. Llaman a la puerta. Son ellos. Segundo intento frustrado.
Casi es hora de salir hacia el trabajo, voy a abrir el grifo y avisan por el portero automático de que cortan el agua en todo el bloque. Han decidido hacer un complot a mi higiene. Un tercer intento fallido y no me queda otra que salir de casa con mi mugre a cuestas.
En ese momento ya intuía que el fin de semana no me iba a sentar bien. Aunque casi lo olvido mientras canto en el coche a grito pelao. Qué me gusta viajar juntas, la música y yo...
Pero ya a lo lejos diviso una imagen que me devuelve a la realidad. No quiero imaginar que es lo que es. Pero es. Coches parados en medio de la carretera. Un accidente. Un camión, una Renault expréss. Tengo la obligación de pararme. Pregunto y por suerte no ha sido nada, ningún herido, sólo los nervios. Menos mal, para lo que podía haber sido. No puedo perder tiempo, debo proseguir para no llegar tarde al trabajo.
Me había recuperado ya del susto, cantaba alegremente, casi con ensañamiento y alevosía, cuando un pájaro de tamaño considerable, una urraca o un córvido, decide que el cristal de mi parabrisas es buen lugar para morir. Si es que no, si es que... ¿no te enseñaron a mirar antes de cruzar la carretera...? Menudo disgusto. Que a mí estas cosas me afectan mucho...
La carretera me va a matar; espero que sólo sea a sustos.
¿Ves? Si ya lo decía yo, que me había levantado con el pie izquierdo desde antes de levantarme. Que este debía ser uno de esos fines de semana que pasan rápido.
Me entra una sensación paranoica. Creo que me leen la mente. Si me voy a meter en la ducha, llegan los fontaneros; si me voy a dormir, alguien me necesita; si voy a entrar en el baño, surge algo urgente que atender. Esto es un complot. Seguro que me leen la mente y en ese momento actúan.
Para colmo se pincha el coche del trabajo, y la rueda de recambio está también pinchada. A esta hora están cerrados los talleres, cerrados hasta el lunes por la mañana, y la empresa de renting no da facilidad alguna. Que vayamos a buscar otro coche, las oficinas están a casi 30km. ¿Pero no se han enterado de que estamos trabajando, que nadie se puede desplazar...? Como si no les pagara la empresa lo suficiente para que nos "den este servicio". Me toca trabajar con mi coche particular. Y nadie me paga gasolina ni kilometraje. Ni siquiera lo reconocerán, mucho menos agradecerlo. Lo que hay que ver...
Hablaba de todo ésto con un amigo. Y me dijo que probase a meterme en la ducha para ver si había acabado la mala racha. Si no me interrumpían, es que habría pasado. Para qué iba a intentarlo... No hizo falta hacerlo para comprobarlo. Fue a peor. Más que peor, fatal.
Un par de días de trabajo para olvidar, día y noche en vela, apenas me he podido meter dos o tres horas de sueño. La tiparraca de la guadaña parece que se ha instalado en este pueblo, y que nos desafía. Y por desgracia, nos gana la partida.
Vale que te lleves a esa señora casi nonagenaria, te puedo dar por válido que ese abuelo tan cascaíllo de la residencia haya seguido tu camino, incluso, y me cuesta, ese hombre al que conocía de otras tantas veces y que no estaba muy allá, pero tampoco tan mal... No gustan estas cosas, pero es ley de vida.
Pero no lo es, aquella muerte absurda no lo era. Un hombre que tiene la edad de mi padre no tiene la edad de morir. Aun me intento explicar cómo ha sucedido, y no encuentro manera lógica. No es un "simple" accidente de coche. Es algo más simple aun, y más enrevesado. No entiendo cómo se puede encontrar la muerte de esa manera en un vehículo, que ni tuvo golpe, ni estaba en marcha. Pero allí se dio de bruces con ella. Y ningún intento de reanimación fue posible.
Impotencia de no poder hacer nada; rabia al saber que podría haber sido evitable; tristeza al conocer la noticia la mujer a quien este hecho ha cambiado su vida para siempre; y, la parte más cruel, cierto culpable alivio de que no me haya sucedido a mí.
Estas cosas te hacen pensar. No puedes parar de darle vueltas a la cabeza. Siempre pensamos que esas cosas les pasan a otros. Y eres consciente de que puede pasarle a cualquiera, incluso a cualquiera menos a tí, que es lo peligroso de la conclusión. Pero en esos momentos tomas conciencia de que puede pasarte a tí. O, peor aun, a alguien de tu familia, porque si es a alguien querido te quedas llorando esa ausencia. Pero tu vida sigue, y se te olvida. Y malo si no consigues olvidarlo. Sólo basta ser consciente de ello. Que la vida es un instante, un regalo en el que no vale el "Santa Rita, Rita..." No se puede dejar ese regalo entre las basuras del tiempo perdido, entre los desechos de la banalidad.
Y me quejaba por tantas nimiedades de mi mala suerte... En el fondo digo que he tenido un fin de semana gafe, pero no es nada comparado con la suerte del pájaro al que atropellé, el hombre del camión, la mujer que viajaba en la Reanult Expréss, las cuatro personas a las que he mirado a los ojos antes de que ellas miraran a los de la muerte, y la viuda a la que tuvimos que comunicar su nuevo estado civil por culpa de una de las muertes más estúpidas que haya podido tener una persona.
Yo al menos sigo viva. Y como decía también Betty, tocando madera en vez de hierro con los dedos índice y meñique extendidos, según tradición italiana mezclada con la española, "facciamo le corna"






Merlinn el ¿encantador? dijo
Me has hecho recordar una historia sobre un asceta que enseñaba a su discípulo sobre la pobreza y la carencia de bienes materiales.
Iban comiendo fruta pasada que les habían regalado y el discípulo se estaba quejando al respecto, cuando el maestro le señala que detrás de ellos, va un pobre recogiendo del suelo las pepitas de la fruta y los restos que ellos no han comido....
Suele ser un buen ejercicio, cuando uno está en lo hondo, mirar a su alrededor y darse cuenta de que podía ser peor... Aunque eso no mejore la experiencia ni el finde jodido que llevas.
Al menos, a estas alturas, un empujón más y queda en anécdota, en pasado, listo para archivar.
Y por supuesto, estás aquí para contarlo y no nos faltas, que no es poco
Besitos, ánimos y una ducha caliente esperándote en casa (incluso considera la posibilidad de baño en vez de ducha para limpiarte los restos de memoria, además, la inmersión prolongada ablanda la mugre :P)
7 Septiembre 2008 | 10:22 PM